Un artículo muy atinado, interesante y entretenido el que ha escrito ahnn a partir del concepto de scenius de Brian Eno (sampleo la cita de la entrada de ahnn:“Scenius stands for the intelligence and the intuition of a whole cultural scene. It is the communal form of the concept of the genius” ) que he leído en un momento muy oportuno; tan solo unos días después de haber tenido una conversación con dos habituales de este blog –pero sobre todo buenos amigos- acerca de cosas tan ligeras para una noche de sábado como la originalidad o las diferencias entre música blanca y negra (eterno y a veces diría que incluso inagotable –interminable- debate este último, lo sé, y por eso mejor dejarlo para otra ocasión). Creo que es necesario señalar que estos temas salieron cuando nuestros organismos estaban ya consistentemente intoxicados de vino, aspecto que es necesario apuntar porque posiblemente fue esa la causa de que el debate fuese tan vivo y suelto, no se vayan a pensar que vamos hablando de estas cosas por los bares de Gijón. Por supuesto, no llegamos a ninguna conclusión, cada uno defendió su postura con uñas y dientes y después pedimos otra ronda.
Pero a lo que iba, en el artículo de ahnn y en la conversación a la que me acabo de referir surgió el valor de la creatividad comunitaria, anónima, incluso de la disolución de la individualidad en contra de ese concepto de genio artístico cuyo origen datamos en el romanticismo. Personalmente encuentro en ese mito del genio con nombre y apellido un problema; que suele actuar como árbol que impide ver el bosque del que supuestamente funciona como máximo exponente de la perfección que puede alcanzar una forma artística. Un ejemplo práctico sería el del jungle. Según va pasando el tiempo, se tiene cada vez más la sensación de que los discos de A Guy Called Gerald, Goldie o 4Hero son todo lo que uno necesita escuchar para entender el género, y aún reconociendo que los discos que acabo de mencionar son obras maestras difíciles de cuestionar, no es menos cierto que la insistencia en fijarse en esos discos en particular ha terminado por eclipsar otros nombres como los de Omni Trio, Foul Play, LTJ Bukem y un afortunadamente largo etcétera que dentro de esta manera de ver las cosas quedan reducidos a ser pie de página, cuando en el momento de ebullición del jungle fueron tan esenciales unos como otros, formando parte de una mecha entrelazada a la que entre todos iban aportando chispas de genio que cimentaron esa explosión que significaron los discos que hoy recordamos como cumbres del género.
Por intentar añadir un poco más de luz a la pregunta que se hace ahnn sobre cuándo un género deja de estar en ebullición para convertirse en una opción más, es decir, con los parámetros excesivamente bien definidos y convertidos en una fórmula –o en un producto comercial, si queréis llamarlo así-, yo diría que, al menos en el caso de géneros que dependen de una escena de clubes y emisoras pirata para desarrollar su creatividad, ese difícil y controvertido momento habría que identificarlo con el punto en el que la música deja de tener al fin de semana como fin, y comienza a desarrollar planteamientos musicales que permitan que la música pase de los mencionados espacios y tiempos a las emisoras mainstream o a la prensa musical no especializada en un género en concreto. El drum'n'bass es un buen ejemplo, y así el New Forms de Roni Size y Reprazent fue celebrado precisamente por escapar a su función primordial, que es la de sonar en un club o en una emisora de radio pirata, para convertirse en una música que se podía escuchar en casa sin perderse demasiado de la experiencia. Detrás de esta forma de ver las cosas se tiene la idea de que un disco es artísticamente “superior “cuando renuncia a ser “solo entretenimiento”. El ejemplo del disco de debut de Roni Size y Reprazent es muy ilustrativo si tenemos en cuenta que fue vendido como el acercamiento al jazz por parte del drum’n’bass.
En otra cosa que acabo de escribir comento cómo el libro de Greil Marcus, Lipstick Traces, sirvió para que un público reacio al punk aceptase su validez artística al aparecer en el mismo marco que las vanguardias artísticas de principios del siglo XX, y apostillo que al punk no le hacía falta ese marco para rubricar su validez, por mucho que sea una gozada leer el libro de Marcus y uno esté de acuerdo con la mayor parte de sus argumentos y analogías. Desconozco si la intención de Marcus era la de legitimar al punk de cara al público de la denominada Alta Cultura, pero este uso que se le dio al libro es lo único reprochable de un texto que, afortunadamente, resiste ese pero. También afortunadamente el disco de Roni Size resiste las aspiraciones de respetabilidad por parte de la intelligentsia a las que una música aspira cuando vuelve su mirada a las formas del jazz. En el caso del New Forms, eso sí, se puede reprochar a Roni Size y su gente el que jugasen a atender a un público serio al reclutar a un batería y un contrabajista "reales" para el disco. En este caso sospecho que el acercamiento al jazz se debe más que nada a un ansia de ser reconocido por las élites culturales más que un hibrido que responda a cuestiones sociales o históricas como las que se puede argumentar que contribuyeron a que discos como el Maxinquaye de Tricky sean como son.
Otro ejemplo; en el dubstep ya sabemos que se insiste mucho en la imposibilidad de percibir el impacto total del género hasta que se escucha a través del potente equipo musical de un club. En el dubstep, la figura que representa un supuesto crecimiento artístico, asociado con la posibilidad de escuchar el disco en casa sin problemas, sería Burial, quien no se acercaría al jazz sino a la música concreta.
Quiero señalar también que el valor del momento de ebullición de una escena es que ésta funciona entonces como una auténtica y sólida comunidad igualitaria. Soy consciente de que esto suena utópico, pero a nadie debería escapar que géneros como el jungle, el 2step, el grime o ahora el bassline significan para sus creadores y el núcleo duro de seguidores (los clubbers o los oyentes de emisoras como Rinse FM); una promesa de libertad a través del hedonismo del fin de semana. En la conversación que tuvimos el pasado fin de semana, si llegamos a una conclusión fue que para que nos guste un tipo de música no es necesario que existan nombres propios que la sustenten. Con esto nos referíamos a que el concepto de originalidad está sobredimensionado en nuestra cultura occidental blanca. ¿”Copió” Timbaland a los "genios" Prince y Michael Jackson en el disco Futuresex/ Lovesounds de Justin Timberlake o animó con sus aportaciones una tradición de funky-disco-pop negro totalmente reivindicable?
Es una prueba de la fortaleza del bassline house el hecho de que ninguna de sus figuras sea realmente imprescindible, ni siquiera la de T2, hasta el momento su personaje más visible. Mientras tanto, el reggaetón, al menos el que nos llega a España o al que prestamos atención, será tanto más frágil cuanto más dependa de Tego Calderón y Calle 13, dos nombres que, no es casualidad, han firmado discos que escapan en buena parte al patrón rítmico del reggaetón, una apertura estilística que para mucha gente es sinónimo de crecimiento artístico, aunque de nuevo podríamos hablar de acercamiento a una música respetada como es el hip hop –sí, el hip hop ya está empezando a tener un estatus cultural respetable, no me digan que no- para ayudar a que algunos transijan con el ritmo del reggaeton .
Más ejemplos; a pesar del valor capital que tiene Bob Marley para el reggae, pero sobre todo para la música afroamericana y occidental en general, hay que recordar que sus discos siguieron un camino diferente al que siguió la música jamaicana en los setenta, una música que, al ver que su máxima estrella daba la espalda a las evoluciones de la música de la isla caribeña y se dedicaba a atender las demandas de un público internacional, poco menos que ni se inmutó, como prueba la apabullante creatividad comunitaria del roots y el dub en los setenta. Con todo lo buenos que son los discos de Bob Marley, existen numerosas recopilaciones de rarezas roots o dub tanto o más interesantes que Exodus.
No quiero decir con esto que haya que rechazar necesariamente el concepto de genio y volver a una idea pre-romanticista del asunto, pero no está de más andarse con cuidado no vaya a ser, por ejemplo, que nos perdamos a Durrty Goodz por pensar que Dizzee Rascal ya ha llegado todo lo lejos a lo que se puede llegar en el grime. Lo que creo que queda claro es que no hay un único patrón que nos sirva para medir en su justa medida a todas las músicas, es todo más complejo y al menos a mí me resulta mucho más interesante fijarme en los detalles que conformarme con una idea general.