Hoy vamos a ir de la Incredible String Band a Massive Attack. Comenzamos con los primeros, y en concreto con algo que leí en el artículo de Brian Morton en el número de The Wire de julio del 2007 en el que entrevista a Robin Williamson, y en cuyos primeros párrafos Morton enlazaba el romanticismo y el capitalismo para explicar la conversión de la cultura en una mercancía. Al leer esto, me acordé de las críticas que recibió el Blue Lines de Massive Attack cuando salieron a la luz las canciones que habían utilizado para construir algunos de los temas de su, hasta entonces, unánimemente aclamado debut. Del romanticismo también nos llega la idea del artista genial (y, a ser posible, atormentado), que, efectivamente, tiene una curiosa relación a explorar con el proceso de industrialización de Europa y el surgimiento del capitalismo.
Y todo esto lo digo porque tengo la sensación de que las críticas al supuesto plagio de Massive Attack solamente tienen sentido desde una perspectiva capitalista. Me explico; hay que partir del tiempo pre-copyright del folk en el que las canciones eran propiedad colectiva y en el que, como leí en alguna parte que no consigo recordar, coges de alguien una canción o una letra, le das una vuelta y la dejas para que el siguiente le añada su toque. La música jamaicana funciona así. El ejemplo más claro es el dub, donde los distintos ingenieros cogían una canción –no la “robaban”- y le daban una vuelta de tuerca, con frecuencia cambiándole hasta el significado. Este proceso podía tener diferentes etapas, de modo que un ingeniero podía coger una canción de alguien, hacer su propia versión dub, para que luego viniese otro ingeniero e hiciese sobre la nueva base otra adaptación dub. Eso sí, en ningún momento deberíamos hablar del tema “original” y sus “versiones”, como si estas fuesen de segunda categoría, no es una manera productiva de acercarse al dub. Me temo que este es otro argumento que solo tiene sentido en una estructura capitalista en la que las versiones y los remixes quedan relegadas a las caras b del formato single, un mero sobrante de las canciones “originales”, que es el producto con prestigio cultural y el depositario del reconocimiento artístico.

El dub, como ya sabemos, se coló muy pronto en Inglaterra a través de las comunidades inmigrantes, y ya en los ochenta tenemos colectivos que funcionan al margen de la industria musical, mezclando de manera natural la influencia estadounidense del hip hop con la jamaicana del dub y los logros más interesantes del punk. Entre estos colectivos, claro, estaban los Wild Bunch. Supongo que el problema es que cuando “entras en el sistema” y sacas un disco y firmas a tu nombre canciones basadas en parte en otras ya existentes hay un conflicto en relación con los derechos de autor. Se puede achacar a Massive Attack su morro por reconocer solamente “Be Thankful For What You Got” como una versión, pero lo cierto es que el concepto de versión, tal y como lo entendemos normalmente, no se aplica de manera cómoda aquí. Del mismo modo que un desconocido podía coger una canción en el siglo XIII, darle su propio toque en las letras y pasársela a otro para que hiciese lo mismo, Massive Attack funcionaban así. No se puede hablar estrictamente de robo, porque creo que está claro que 3D y compañía no se limitaron a reproducir el "original".
En cualquier caso, su manera de construir las canciones es un fiel reflejo de sus actividades como DJs, del solapamiento de distintos temas, sobre los que se rapeaba, cambiando el significado de las canciones originales y dando lugar a un todo orgánico construido a partir de elementos de distintos orígenes. En el disco Blue Lines hay que tener en cuenta, además, la luminosa y lujosa producción como un elemento creativo más que justifica que hablar de plagio en los casos de “Daydreaming” o “Safe From Harm” (de las canciones “Mambo”, de Wally Badarou y “Stratus” de Billy Cobham, respectivamente) no sea del todo correcto. A finales de los ochenta, Massive Attack construían sus canciones de un modo no demasiado diferente a cómo lo haría alguien antes del Romanticismo y esa idea del genio que a veces se muestra un poco acartonada, por ejemplo a la hora de valorar los logros anónimos o colectivos. En este sentido, los de Bristol eran por aquel entonces unos estupendos representantes de cómo se hacía música en las calles inglesas en los ochenta, reflejando los cambios sociales que había sufrido Inglaterra durante el gobierno Thatcher. Es por este motivo por el cual Blue Lines me sigue pareciendo una obra maestra. Luego serían carne de revista de tendencias -y los videoclips de sus discos posteriores son buena muestra de ello- y se pasarían al lado oscuro, poniéndole música a la tensión pre-milenio. Esto último no me parece algo necesariamente peor, simplemente diferente, ¿hasta qué punto tiene sentido que 3D conserve el nombre del grupo cuando lo que hace ya tiene muy poquito que ver con su primer disco?
Aprovecho para decir que no sé qué me gusta más, el “Be Thankful For What You’ve Got” de William de Vaughan, esta versión extendida, la de Massive Attack o la versión diferente que aparece en el videoclip.