jueves 21 de febrero de 2008

Broadcast, The Noise Made By People

A Broadcast les tocó salir desde una posición muy poco ventajosa. Su fichaje por Warp dejó perplejos a muchos y, de hecho, fue el inicio de lo que ahora sabemos que fue un cambio de dirección en el sello de Sheffield. En esa situación, resultaban excesivamente pop para los aficionados a la electrónica marca de la casa, por no hablar del uso de instrumentos tradicionales. Pero, paradójicamente, su acercamiento al avant-garde sonoro alienó a los fans del pop retro sin comoplicaciones. Para añadir más leña a tan triste fuego, las críticas los situaban como un cruce entre Portishead y Stereloab. La asociación con la banda de Bristol era especialmente incómoda en un año 2000 en el que muchos teníamos la sensación de que ya habíamos escuchado demasiados ambientes cinematográficos con el traqueteo rítmico a cámara lenta. Aunque es indudable que la propuesta de Broadcast guarda puntos en común con ambas bandas, lo suyo era más una reivindicación del legado de la banda estadounidense United States of America, cuyo único disco no se cansaban de reivindicar ellos mismos en muchas entrevistas de la época. Paradójicamente, uno de los grupos más ingleses que se me ocurren de los últimos años está directamente inspirado por un grupo estadounidense, aunque no es un caso excepcional, recordad, por ejemplo, como Fairport Convention le dieron la vuelta al folk inglés después de escuchar el primer disco de The Band.

Finalmente, otro aspecto problemático tiene que ver con la grabación del disco, que parece ser que fue lenta y tortuosa, con continuos encontronazos con el productor, hasta el punto de que en entrevistas para promocionar discos posteriores, miembros de la banda declararon estar más bien poco contentos con el resultado, y que más les habría valido haber contratado únicamente a un ingeniero de sonido para que les asistiese. Y, si nos ponemos fiscales, sí que es cierto que el disco suena un tanto apagado. Bueno, tampoco vamos a exagerar, pero el disco tiene un ambiente ceñudo y ensimismado, casi excesivamente serio y acartonado que quizás sea consecuencia de ese excesivo esfuerzo que la banda realizó para que el disco quedase tal y como ellos querían. En este sentido se parecen a Stanley Kubrick, su estilo, maniático y obsesivamente perfeccionista, resta eso que llamamos “alma” a sus películas. Lo mismo ocurre con este disco. Para comprobar esto no hay más que echar un vistazo a la versión de “Unchanging Window” que aparece en este disco y la que apareció en uno de los EPs publicados el mismo año. La del EP es mucho más vibrante y colorida, mientras que la del disco suena más apagada.

Con este panorama, no es de extrañar que muchos recibiesen a Broadcast con incertidumbre. Pero el tiempo y su obra posterior se ha encargado de despejar cualquier duda acerca de su propuesta, hasta el punto de permitirme decir que esta es una de mis bandas de pop británico favoritas de esta década. Su propuesta hacía, y hace, gala de una coherencia estética que afectaba a todos los aspectos de su imagen sonora y visual, algo que es evidente cuando coges alguno de sus discos en las manos, diseñados con un cuidado exquisito, sus LPs, singles y EPs reflejan a la perfección la nostalgia del futuro y la psicodelia pop que caracteriza también el sonido de sus discos.

Pero, por mucho que ellos se sintiesen frustrados durante el proceso de grabación, el inicio del álbum, con “Long Was the Year”, sitúa las cosas en su sitio. Se trata de una canción que define a la perfección su universo sonoro, su pop introvertido, atraído por los cachivaches de la electrónica analógica y por el mito futurista que envolvía a dichos instrumentos. Un futuro que, por cierto, no es que sea pasado, es que nunca llegó a suceder, de modo que es un extraño y polvoriento futuro pasado de moda pero constantemente reivindicado por bandas como Broadcast o, en la actualidad, por el imprescindible sello Ghost Box. Trish Keenan canta con su característica voz, emocionalmente distanciada, que algunos identifican como una garganta inglesa a más no poder, comparándola con, obviamente, la de la cantante estadounidense de United States of America. Pero no hay que caer en el error de compararla con Beth Gibbons, pues la voz de esta última posee un claro tinte negro que la monocromática voz de Trish evita en la mayor parte de los casos. No es recomendable perderse a Broadcast por considerar la voz de su cantante como falta de alma, pues sí que resulta emocionante oída junto al resto de elementos que conforman sus canciones. Aquí podemos usar el argumento de la voz usada como un instrumento, como una textura más en unos murales sonoros que enlazan con una tradición de pop británico con cantante femenina e instrumentos electrónicos que va de White Noise a los propios Broadcast pasando por Young Marble Giants. Una tradición muy interesante que, todavía hoy, es capaz de encender la creatividad de músicos y críticos por igual, como veremos en la segunda parte de esta entrada.

6 COMENTARIOS:

anhh dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=B3wYz896RKQ
http://www.youtube.com/watch?v=h2V0Lq3yf38

Iván Conte dijo...

Hey, qué interesantes esos links. ¡muchas gracias!

garbanzo dijo...

Siempre me acuerdo de Anti cuando pienso en Broadcast. Caigo muy fan de ambos.

Iván Conte dijo...

Vaya, pues no lo sabía, pero tiene mucho sentido que Anti sea fan de Broadcast. Me place que usted también sea fan, y me da que en el futuro próximo voy a dar mucho la vara con ellos.

Héctor dijo...

Brutales los links de anhh

Ya sabes tú que Broadcast me encantan desde hace mucho. Me alegra ver que te sumas, y de acuerdo por completo en lo del sonido de este disco: ¡demasiado apagado!

Iván Conte dijo...

Sí, tampoco me quería pasar mucho con la crítica en ese sentido, porque al fin y al cabo me encanta el disco, pero como ellos mismos lo reconocen...