martes 15 de enero de 2008

El sonido de la política y la política del sonido


Últimamente estoy muy metido en los discos que Kevin Martin creó bajo diversos nombres, pero sobre todo como Techno Animal, o apadrinó a través de recopilatorios como Macro Dub Infection o Isolationism. Por cierto que si alguien encuentra este último disco por menos de 30 euros que me lo comunique, por favor. Como soy de los que opinan que la música siempre tiene una resonancia social, me ha gustado enterarme de que Kevin Martin describía la influencia del dub en la música británica como una “educación en la inseguridad […] El dub demostró que había un público para la inseguridad”. Esta cita la he encontrado en el libro sobre el dub que ha escrito Michael E. Veal, quien añade: “Esa inseguridad refleja contornos políticos y culturales cambiantes” Siendo como es la palabra “inseguridad” una de las palabras clave en la presente década, empezando por toda la parafernalia propagandística orquestada por lo que Noam Chomsky denomina estados fracasados para intentar imponer su definición de seguridad fuera de sus fronteras cuando son incapaces de garantizar la seguridad de sus habitantes en su propio territorio, supongo que no es extraño que el dub encontrase en la actualidad una vía de escape con una repercusión respetable como es el dubstep. En un mundo en el que las instituciones ya casi ni se esfuerzan por disimular que no proporcionan más que un simulacro de realidad, y en el que la supuesta amenaza a la seguridad occidental procedente de esa cosa abstracta y cambiante llamada eje del mal ha repercutido en una mayor desconfianza por parte de la población en la capacidad de los gobiernos occidentales de garantizar la seguridad de sus ciudadanos, creo que es comprensible que uno encuentre en las estrategias de desestabilización sonoras del dub una metáfora de la desestabilización social, y que por eso la música de King Tubby, Lee Perry, Kode9 o Burial nos llame tanto la atención en estos momentos . No se puede explicar solamente con este argumento el atractivo del dubstep, por supuesto, pero sí que creo que sirve para situarlo en un contexto en el que nos podemos identificar, más allá del hecho de que este sonido haga referencia, en primer lugar, a un contexto geográfico muy determinado como es el sur de Londres.

Enlazando con el post-punk, tampoco es casualidad que grupos como The Slits, The Pop Group, o New Age Steppers, con un interés de sobra conocido por cuestionar todo lo que pudiese oler a idea preconcebida, quedasen colgados del dub y encontrasen en sus técnicas y texturas un instrumento eficaz para articular sus ideas políticas. El dub y otros sonidos rupturistas / revolucionarios eran un valor al alza en un momento histórico de intento de regreso a formas sociales tradicionales protagonizado por el binomio Thatcher-Bush. O más bien hay que decir que en un contexto social cuyo mainstream intentaba negar una realidad social como era el multiculturalismo británico es perfectamente comprensible que grupos con un perfil político se fijasen en las formas sonoras antiimperialistas, rupturistas, confrontacionales de sus vecinos jamaicanos. Creo que es indudable que parte de la importancia de estos grupos reside en el hecho de que dieron cierta visibilidad a la población afrocaribeña de Inglaterra, una población que por aquel entonces ya estaba consiguiendo cierto nivel de representación en la música popular británica, sobre todo a través de formaciones racialmente mixtas, pero que todavía tendría que esperar hasta finales de los ochenta y, sobre todo, principios de los noventa, para ver su presencia normalizada gracias a discos como los de Soul II Soul, Massive Attack, Tricky, Goldie y un largísimo etcétera.

Es una pena que en la actualidad la visibilidad de la población de extracción afro-caribeña, y sobre todo de su visión de la realidad británica, haya quedado reducida a géneros tan minoritarios como el grime. Y, finalmente, por eso es tan interesante el bassline, porque el reciente éxito de ventas del single "Heartbroken" de T2 & Jodie en las listas británicas, parece anunciar una mayor presencia, al menos en las listas de ventas, durante los próximos meses. A ver qué ocurre. Se puede argumentar que el bassline es hedonista, que es una acusación parecida a la que, curiosamente, se hace casi a cualquier tipo de música popular negra en sus inicios, pero se puede responder a esto diciendo que asociar la música negra necesariamente con letras que reflejen el realismo social para que merezcan "nuestra aprobación" me parece injusto, porque a los músicos blancos normalmente no les andamos exigiendo siempre que sean combativos en el contenido de sus letras. Hay muchas más cosas que las letras que permiten hablar de un grupo añadiéndole el adjetivo “político”. De hecho, Simon Reynolds hace una distinción entre lo que él denomina el sonido de la política y la política del sonido, según la música enfatice el fondo o la forma como lugar en el que proyectar cuestiones políticas. Creo recordar que ejemplificaba el sonido de la política con el roots reggae y la política del sonido con el dub, opciones que, aprovechando que me acabo de leer el nuevo número de esa interesante revista cultural asturiana llamada Lata de Zinc sobre la revolución rusa, podríamos relacionar respectivamente con el realismo social y las vanguardias artísticas como formas de articular contenidos políticos en la música. Pero no me preguntéis que forma prefiero, porque ambas son eficaces a su manera, y hay tantos discos maravillosos en el roots reggae como en el dub, por ejemplo.

2 COMENTARIOS:

Emma Peel dijo...
El autor ha eliminado esta entrada.
Emma Peel dijo...

Que bueno ver a las Slits en una noticia sobre dub!

La que fue cantante de las slits, Ari Up, ha sacado un nuevo disco muy dubbero también, "dread but not dead" hace un tiempo...