viernes, 19 de octubre de 2007

Wire, Chairs Missing

WIRE
CHAIRS MISSING
1978



Tras Pink Flag, que es el disco con el que Wire se aseguraron ser recordados entre las mejores bandas de punk de la época, la banda de Colin Newman y compañía dio sendos saltos mortales en Chairs Missing y 154. Tras la explosión de rabia concentrada en trallazos de un par de minutos del primer disco, las formas y las ambiciones artísticas de la banda se ampliaron en los discos posteriores, dando como resultado una, cada ve más marcada, relajación del ímpetu adolescente que caracterizó a la primera oleada punk. Las canciones de Wire se hicieron cada vez más largas, más extrañas, más psicodélicas incluso. Su trayectoria puede ser usada a la perfección para explicar la evolución del punk al post-punk: del guitarreo casi purista del primer disco, al atmosférico sonido de teclados del tercero. Mucho tuvo que ver en las ambiciones arty de la banda el hecho de que alguno de sus miembros proviniesen de escuelas de arte, que debieron de ser un auténtico hervidero de bandas allá por los sesenta y setenta. Si el punk pudo parecer un rechazo a esa tradición de grupos y cantantes salidos de las escuelas de arte, cuya forma más deplorable se asociaba con Pink Floyd, lo cierto es que en el post-punk las escuelas de arte volvieron a ser un valor al alza, así como lo fue de nuevo el ser conscientes de la música que se está haciendo en términos artísticos. Quizás por eso un disco como Chairs Missing tiene un marcado acento surrealista: desde el título hasta las letras de las canciones, pasando por la misteriosa portada y la propia música contemplamos una depurada deconstrucción de los elementos del punk que se derriten en vez de desarrollarse en canciones.

A todo esto ayudaron los teclados de Mike Thorne, que era algo así como el Wire en la sombra. Es muy conocida la anécdota según la cual la banda le pidió a Thorne que metiese muchos más teclados en este disco, algo a lo que este se mostró en principio un poco reticente, provocando una famosa réplica de Colin Newman, que venía a decir algo así como si tú no quieres hacerlo, conseguiremos a ese tipo, Brian Eno. Brian Eno, claro, si hay un ejemplo clásico de músico ingles en la frontera entre lo popular y lo “serio”, ese es el ex.-miembro de Roxy Music y colaborador de David Bowie en el punk en una trilogía imprescindible cuya influencia en el post-punk, o en este disco sin ir más lejos, resulta harto difícil de exagerar. Así que Mike Thorne transigió, y además se hizo con los últimos modelos de sintes y pedales, que son los que consiguieron dotar a las guitarras de este disco de un sonido que las situaba muy lejos del obtenido por la mayoría de bandas contemporáneas.


Sin embargo, a pesar de que ahora todo nos parece perfecto acerca de este disco, en su momento la crítica estuvo dividida a la hora de valorarlo. La principal acusación que se le hizo fue la de haber renunciado al punk para adoptar tácticas más propias de Pink Floyd. Y, en efecto, la canción “Practice Makes Perfect” parece señalar, con las risas lisérgicas que cierran la canción, a la banda de rock progresivo, aunque hay que puntualizar que a quien en realidad apunta esta canción es a Syd Barrett, lo cual es algo bien distinto. Por eso, Chairs Missing es un disco fundamental a la hora de ver cómo la psicodelia inglesa se volvió a colar por las rendijas del punk poco a poco. Y, de todos modos, la comparación peyorativa con los Pink Floyd más aburridos es injusta, si atendemos al sarcástico título de la canción que acabo de mencionar: en la letra de esta canción, aparte de citar a Sara Bernhardt en una curiosa y caprichosa yuxtaposición surrealista, dicen cosas como business or pleasure, que en mi opinión resumen la disyuntiva en el 77: negocios (Pink Floyd) o placer (el punk). Hay más surrealismo, o situacionismo, en “French Film Blurred”, pues ahí hablan de tumbas bajo autopistas.

Cualquier canción del disco puede ser ejemplar a la hora de explicar cómo jugaron con las estructuras de las canciones, en el caso concreto de “French Film Blurred”, tras un inicio en el que la batería y la guitarra marcan un ritmo muy orgánico, llega un estribillo muy melódico y 60s que desemboca en una épica hecha de cemento y cristal urbano. Mientras tanto, en “Another the Letter” aceleraron la canción en las mezclas hasta concentrarla en un escaso minuto, haciendo que la batería parezca una caja de ritmos (¿o es una caja de ritmos en realidad?). También hay en este disco canciones que preparan el camino para el rock inundado de teclados de 154, “Marooned” es un ejemplo, al tratarse de una canción muy atmosférica, que suena con frialdad arty, “Used To”, que aparece casi al final del disco, es otro. En “Being Sucked In Again”, tras un arranque electrónico, llegan unos latigazos de guitarra para más tarde virar hacia unas guitarras cuyo sonido despliega una textura tan personal que casi puedes verla o tocarla. “Heartbeat” mezcla un desarrollo minimalista con un final catártico, un acertado contraste que suena muy bien. “Mercy” es, muy probablemente, uno de los libros de estilo empleados por bandas estadounidenses como Misión of Burma, con sus cerca de seis minutos es la pieza de resistencia del álbum, lo más arriesgado por el formato de larga duración, y en mi opinión un triunfo absoluto en el que se entreve lo que harán años después hasta los mismísimos Fugazi. En cuanto a “Outdoor Miner”, ya dice Simon Reynolds en su libro Rip it up que suena muy Byrds y es totalmente cierto, es el tema más pop del disco, que también puede ser visto hoy en día como un prólogo a ese nuevo rock americano que hemos desenterrado en los comentarios de la anterior entrada, ¿acaso no suena muy R.E.M. esta canción? “I Am the Fly” es ese éxito que, según el estado de ánimo en el que estés, puede sonar irresistible o irritante (¡esas palmas o lo que sea que marcan el ritmo en el estribillo!), en su momento fue la canción que sirvió de puente entre el primer y el segundo disco. “From the Nursery” puede apuntar desde el título a Syd Barrett, aunque en realidad es de lo más próximo a Pink Flag que aparece en el disco, al igual que “Too Late”, que cierra el disco.


Por ponerme un poco exigente, diría que la seriedad arty de este disco, o al menos lo críptico del conjunto, hacen que uno eche de menos ese punto de locura que Can tenían y que Wire a punto estuvieron de perder con este disco. Eso sí, Chairs Missing es un disco de guitarras, quizás muy a pesar de un Colin Newman que, afortunadamente, se sigue mostrando feroz e intransigente en sus entrevistas, evitando que nadie pueda clasificar y analizar definitivamente sus discos (de modo que estoy seguro de que todo esto que he escrito seguramente le parecerá una mierda). Esa misma ferocidad es la que seguramente impedirá que en el futuro sus discos sean tan explotados comercialmente como lo van a ser los de Joy Division en los próximos meses. Con Chairs Missing, Wire confirmaron su estatus de enigma post-punk. Enormes.



3 COMENTARIOS:

Héctor dijo...

Mi favorito sigue siendo el primero, pero entiendo ferpectamente que estos Wire te apasionen. Lo tienen todo para gustarte. En mi momento de obsesión Wire me compré el "A bell is a cup until it is struck", pero lo acabé regalando.
Los Wire de ahora son una puta apisonadora en concierto. De locura. Si alguna vez tienes oportunidad de verlos, merecen muy mucho la pena.

Ana Saturno dijo...

Uno de esos grupos que yo no había escuchado nunca, hasta esta semana (lo reconozco sin pudor, hay demasiada música en el mundo como para que una haya podido escucharlo todo, ni siquiera todo lo que vale la pena). Precisamente fue este disco el que estuve oyendo, y me gustó bastante, aunque tengo que escucharlo unas cuantas veces más, porque por ahora la única canción que se me quedó grabada y canturreo constantemente es I am the fly.

La cosa empezó por este artículo. Tiene un pequeño error, y es que la canción de Elastica que parece calcada de I am the fly no es Stutter, sino Line up, pero bueno. Lo importante es que Chairs missing me gustó y que la semana que viene emprenderé la escucha de Pink flag...

Saludos

Anónimo dijo...

Ana Saturno, otra pequeña corrección: la cánción que Elastica fusilaron fue "Three girl rhumba".