viernes 15 de junio de 2007

Hombre, a ver, tal y como dice Joan en los comentarios a la entrada de ayer, ¿y qué música no está influida por la música negra? Cierto, pero yo me refiero más que nada a grupos y gente que cojan el grime, el dubstep, o el sonido que sea que escuchen desde los coches en las calles de su vecindario inglés, que les pique la curiosidad e intenten hacer algo que merezca la pena. Insisto, no es que me parezca que sea esta la única forma posible de hacer música ahora mismo, simplemente echo de menos más grupos así.


En relación con los discos de Burial y The Good The Bad and The Queen, me gusta mucho esto que dice Paul Gilroy en un artículo suyo llamado Melancholia and culture:

Hay muchas maneras en las que la larga experiencia del Reino Unido en cuanto a interacción post-colonial, convivencia y vida cívica ha proporcionado recursos –en gran medida no detectados por el gobierno- para una multiculturalidad vibrante; a pesar de que no siempre la valoremos, la usemos prudentemente o la celebremos como deberíamos.


Esa valoración, ese uso y esa celebración es precisamente lo que echo en falta, a excepción de en los dos discos ya mencionados. También dice Paul Gilroy lo siguiente, acerca del valor simbólico del sentimiento de melancolía en este asunto, y que me resulta especialmente interesante porque es un sentimiento que recorre los discos de Burial y The Good The Bad & The Queen de principio a fin:

Las identificaciones individuales y de grupo convergen […] en oposición a la presencia intrusita de los recién llegados quienes, atrapados dentro de la lógica local de raza, nación y absolutismo étnico no solo representan un imperio desaparecido sino que se refieren a la conciencia del dolor de la pérdida del imperio, no reconocida, y de la inquietante vergüenza de su sangrienta gestión.


En este sentido no creo que sea casual que la portada y todo el diseño artístico del disco de Damon Albarn y sus amigos post-coloniales recree precisamente una Inglaterra en la cima de su periodo imperialista… pero en llamas. Y además, a través de esta melancolía se habla de una identidad británica cada vez más difusa y alejada de su interpretación hegemónica hasta la segunda guerra mundial.


Ah, en el nuevo, desconcertante pero estupendo, disco de Dizzee Rascal hay una colaboración con los Arctic Monkeys. Aunque en este caso más de una ceja fiscal se arqueará, y sugerirá que esa colaboración simplemente responde a un interés por parte del londinense para llamar la atención del sustancioso público de los Arctic Monkeys en el Reino Unido… pero el caso es que la canción funciona y es de lo mejor de Maths and English, la voz de Alex Turner suena más interesante que nunca, claramente inspirada por el dub, y las guitarras se mezclan de maravilla con los beats de Dizzee Rascal, ojalá que el Alex tome nota para el tercer disco de los monos, aunque bueno, la canción ya aparece como cara b del single “Brainstorm” en la propia versión de los Arctic Monkeys, con una simple colaboración de Rascal al final, y es muuucho menos interesante.


Por cierto, que la otra colaboración estrella en el disco es de… Lilly Allen, que anhh mencionó en los comentarios como un caso de relación entre música negra y músicos blancos. Sin embargo, de momento la dejo de lado porque lo suyo es recuperar líneas como la de The Specials, y no establece un diálogo directo con el ska u otros sonidos jamaicanos, como sí que hicieron los propios Specials, por eso el disco de Lilly Allen es más una recuperación postmoderna –a pesar de tood el LP sí me gusta- que un atrevimiento modernista, que es lo que hicieron The Specials entonces, y The Good The Bad and The Queen ahora. Pero vamos, que el disco me gusta, y lo mismo me ocurre con el primer disco de Hard-Fi, para que vean.

Ah, y de momento dejo de lado los EEUU, que son un caso totalmente diferente.

Bueno, me voy a recoger el coche al taller, espero que no me deje la cartera temblando el cambio de radiador.