lunes, 11 de diciembre de 2006

McCarthy, Banking, Violence and the Inner Life Today


MCCCARTHY
BANKING, VIOLENCE AND THE INNER LIFE TODAY
MIDNIGHT
1990





Va a parecer que estoy copiando a Kiko Amat al citar a Kurt Vonnegut, quien en su fanzine La escuela moderna no para de citar al escritor estadounidense a la mínima oportunidad, pero es que el siguiente párrafo de Matadero 5 me viene muy bien para comenzar a hablar sobre McCarthy. Dice Vonnegut, en boca del escritor ficticio Howard W. Campbell (También protagonista de otra de sus novelas, Madre Noche) lo siguiente:

El americano, como todo ser humano, cree muchas cosas que obviamente son falsas […] De ellas, la más destructiva es su convencimiento de que cualquier americano puede hacer dinero con facilidad. Ignoran lo difícil que es hacerse rico, y por lo tanto, aquellos que no lo consiguen no cesan de culparse. Y este sentimiento de culpabilidad ha sido de gran utilidad para los ricos y poderosos, que lo han considerado como una excusa para no tener que ayudar en absoluto a los pobres.


Así resume Vonnegut una de las estrategias básicas del capitalismo de extracción protestante, malrrolista y deshumanizador, el mismo capitalismo de derechas que atacan McCarthy (ellos eran Malcolm Eden cantando y tocando la guitarra, Tim Gane también a la guitarra, John Williamson al bajo, Gary Baker a la batería y a los coros en este disco nada menos que Laetitia Sadier) en las incendiarias letras de su tercer y último trabajo, de título Banking, Violence and the Inner Life Today, título que por cierto resume a la perfección las principales obsesiones temáticas de la banda. Quiere la casualidad, además, que esté escribiendo este comentario justo un día después de la muerte de Pinochet, que bien podría ser el objetivo de los dardos lanzados desde canciones de títulos como “Now is the Time for an Iron Hand” (ahora es el momento para una mano dura) aunque en realidad el objetivo que, con toda probabilidad, tenían en mente los McCarthy era Margaret Thatcher, responsable directa de estimular el compromiso político de numerosas bandas de pop británico de los ochenta. Esto nos lleva, puesto que McCarthy también fueron C86, a seguir perfilando la orientación política de esta remesa de indie-pop, atención a las palabras de Everett True al respecto: Creo que, probablemente, esto era en parte una rabia genuina a la era Thatcher, y, probablemente, en parte una continuación de las obvias inclinaciones políticas del punk y el post-punk. Ya habíamos convenido, al hablar de Close Lobsters, que el C86 viene naturalmente del punk y del post-punk, por lo que no es de extrañar esta prolongación de la conciencia política en un contexto más descaradamente pop. No era esa, sin embargo, la intención de los Close Lobsters y sí que lo era, sin lugar a dudas, la de McCarthy, que funcionan así como polos opuestos de la gama de concienciación política dentro del C86, y por eso me resulta muchísimo más fácil declararme fan de los segundos que de los primeros: mientras que los primeros huían de la concreción en sus absurdas letras, los segundos se agarraban con firmeza al contexto social en las mismas. Además, esta variedad de posicionamientos políticos es una prueba más de la diversidad dentro de una escena vista por oyentes extraños con el prejuicio de una supuesta uniformidad. Cedo la palabra de nuevo a Everett True para resumir lo que quiero decir: La tentación en la actualidad, cuando nos enfrentamos con una cosecha de bandas indie es la de pensar en ellas automáticamente como de clase media, pero mirando la lista del C86, yo diría que la mayoría de ellas eran de clase trabajadora.


En lo que respecta a la variedad del C86, y a la hora de escuchar este disco, conviene tener en cuenta que McCarthy ya habían llevado a cabo una considerable evolución en lo que se refiere a su sonido, hasta el punto de que, por una parte, Malcolm Eden confesase que este disco era el final lógico de la banda porque suponía su cima creativa pero, por otra parte, hubiese quien, como señala Dickon Edwards en su artículo para Tangents sobre la banda, dijese que el período tardío es rechazado por los puristas de la escuela del “yo-prefería-lo-que-hacían-al-principio. Pero ellos están equivocados y yo estoy en lo cierto. Obviamente Obviamente, señor Edwards, está en lo cierto y en su derecho de decirlo con esa arrogancia, porque yo también ataco ese purismo que defienden con entusiasta idealismo cierto sector de seguidores del C86, purismo que les hará rechazar las numerosas influencias que ya empiezan a asomar en una banda a un paso de ser esa turmix estilística que todavía hoy es Stereolab. Y, si ese purismo es rechazable, es porque es un calco de esa rancia autenticidad rockera defendida como casi exclusivo criterio de calidad por fans de, hum, Bruce Springsteen, sobre todo los españoles, sí, esos que parece que solo escuchan a Bruce Springsteen.

Pues eso, que en cuanto a sonido, experimentación y texturas, el tercer disco de McCarthy va mucho, pero mucho más allá de los límites más férreos del C86, porque a pesar de que aquí todavía hay guitarras jangly, ecos de los Byrds, la Velvet Underground y los Television Personalities (influencias clarísimas estas dos últimas en “Use a Bank I’d Rather Die”), lo cierto es que aquí también hay cosas como “Get a Knife Between Your Teeth”, el último single de la banda, un intento de aproximarse al dance-rock que por aquella época ya comenzaba a triunfar en el Reino Unido, que de todos modos no ha envejecido muy bien en lo que se refiere a su sonido. El responsable directo de la mayor ambición de la banda fue, precisamente, Tim Gane, encargado de continuar el camino abierto por este disco con Stereolab, a él se deben los experimentos con las texturas, las guitarras, el órgano, pero todo ello encaminado a fabricar singles de pop. De todos modos, no podemos caer en otro de los errores garrafales a la hora de juzgar a McCarthy: ellos no fueron simplemente el prólogo a Stereolab, ellos fueron una banda con unas intenciones, un sonido, unas letras y una evolución propias, que no necesitan justificarse en absoluto en lo que vino después para sostenerse como una de las bandas más importantes de la segunda mitad de los ochenta en Inglaterra.

Otra cosa que les alejaba, a la altura de este disco, del C86, era su complejidad, tanto en la producción del álbum como, mismamente, en el concepto e hilo conductor que enlaza las canciones. El propio Malcolm Eden ha explicado que el orden de las canciones del disco es el que es porque seguimos un determinado camino ideológico: del liberalismo económico deshumanizado de las primeras canciones, al idealismo pretendidamente apolítico de un segundo grupo de canciones hasta la izquierda en los temas finales. Sin embargo, la perspectiva general es, sin lugar a dudas, de izquierda, ya que, cuando “I’m on the Side of Mankind as Much as the Next Man” (¡hay que ver que hachas eran poniendo títulos a las canciones!) comienza con una voz que dice larga vida al comercio libre, estamos en el territorio, no ya de la ironía, sino directamente del sarcasmo y la mala leche pura y dura. Una estrategia inteligente y provocadora –al menos para los que no saben leer entre líneas, como esa gente que hasta que no les avisaron se creyeron que los Happiness de la cadena de videoclips era un grupo real- que sirve para dar un repaso y dejar en evidencia esa ficción inhumana que es la derecha de entonces y la de ahora. Qué fácil resulta poner en boca de muchos de nuestros políticos, los de derechas, los de centro y los que pretenden hacerse pasar por izquierdistas frases como Oh vida humana, nos gustaría valorarla / Pero si no hay beneficios en ella / ¿qué sentido tiene?, o Solo hay una cosa en la tierra por la que merece la pena morir / Oh el beneficio es la única cosa por la que merece la pena morir, e incluso esa constante petición de mano dura que, de modo abierto o cínicamente envuelto en palabrería pide la derecha constantemente: Ahora es el momento para una mano dura / Nada va a pararles ahora / Es tiempo para una mano dura / Hemos sido blandos durante mucho tiempo.

Pero los ataques no van solo a la derecha, la banda de Malcolm Eden y compañía también se ceba en las medias tintas del idealismo pretendidamente apolítico –pero en realidad de derecha-, de los que piensan que las cosas van a cambiar por sí solas. Esto es lo que dicen en “I Worked Myself Up From Nothing”: Todos vosotros, jóvenes, puede que no tengáis ni un céntimo hoy / Pero simplemente espera / Mañana estarás en el paraíso. Esta canción, además, está particularmente lograda, ya que la letra es recitada con una entonación tontamente alegre por la gran Laetitia Sadier al comienzo de la canción.

Ya hacia el final del disco, tenemos un llamamiento a la revolución en toda regla por parte de la banda, criticando de nuevo a los que opinan que las cosas cambiarán por sí solas tarde o temprano: Nunca verán tu punto de vista / No obtienes nada a menos que lo agarres / Si sonríes educadamente toda tu vida / nadie te lo agradecerá nunca, que dicen en “Get a Knife Between Your Teeth”. Cerrando el disco, “You’ll Have to Put an End to Them”, que el propio Malcolm define como su mensaje de despedida al mundo, y un mensaje airado que dejan, vean, vean: La violencia es el único lenguaje que entienden / No cederán nada sin una lucha / unas pocas migas de la mesa es lo que obtendremos / Queremos una huelga pero si tu quieres más / Bueno, entonces tendrás que ponerles fin. Así de contundentes terminaron los McCarthy su último disco, una obra maestra incuestionable, y uno de los mejores discos de pop de finales de los ochenta, además de una de las aristas más personales e interesantes de todas las asociadas con el C86.

8 COMENTARIOS:

josé dijo...

Recuerdo como en la época en que salieron mi mayor preocupación era disfrutar emocionalmente con la música, y recuerdo que las críticas sobre McCarthy eran todas buenísimas (en fanzines, mayormente), pero siempre iban rodeadas de ese halo político que me impedía disfrutarlas, pues sabía que me estaba perdiendo muchas cosas al no entender lo que decían. Cosa que no sucedía con los Close Lobster, lo que escuchabas sabías que no iba mucho más allá, podías girar la cabeza y saltar en tu habitación mientras la escuchabas sin temer el perderte opiniones trascendentales, sólo los pensamientos que tu cabeza creaba al oirlos importaban. Y hay momentos en que lo que deseas es olvidarte de la palabrería y quedarte con las sensaciones. Los dos tienen sus buenos momentos.
Vaya rollo patatero que me ha salido, pero bueno que sirva para que sepas que te leo asiduamente y que realmente me parecen muy buenas tus reseñas.

Iván Conte dijo...

José, un auténtico placer tus comentarios. Cuanto más largos, mejor ;) Mil gracias por frecuentar esto.

Esto que pasa del rollo político obstaculizando la música también pasó con Gang of Four. Sí que es curioso, pero a mí lejos de obstaculizarme la escucha, me supone un plus más que agradable, como habrás comprobado.

McHéctor dijo...

Claro, es que el contraste música-letra es tan brutal en McCarthy (y luego los Lab) que cuando uno se da cuenta se queda ojiplático. Siempre me acuerdo de un estribillo eufórico que dice: "We`re free to choose, / We're all free to choose". Taaaanta ironía.

Diego C dijo...

Madre mía, vaya dos posts seguidos para enmarcar.

"Responsable for what I say, responsable for what I hush", Motoroler scalatron, Stereolab.

Por cierto, una delicia el CD-86. Yo soy de los que nunca me hice con una copia, aunque acabé escuchando casi todos los grupos.

Iván Conte dijo...

Pues yo me estoy volviendo loco para conseguirlo (el cd-86, digo): aquí en Asturias no lo hay ni en la Fnac, y en el soulseek no lo tiene nadie :(((((

Diego C dijo...

Si te vale copia en Cd-R te mando una

Iván Conte dijo...

Vaya, pues mil gracias ;) si en unos días veo que sigo sin conseguirlo te envio un mail.

Por cierto, tu link me sigue sin llevar a ninguna parte.

Diego C dijo...

Jaja, es que no tengo nada. No tengo blog, no tengo grupo, mi fotolog tiene telarañas...

Pero lo arreglaré en breve, creo.