El punk era salvaje, marginal, vicioso y protector al mismo tiempo. No era aburrido, y no era hetero. Inicialmente no reforzó los valores dominantes. Jon Savage.
This is a chord, this is another, this is a third. Now form a band. Sniffin Glue, 1977.
Tenía que empezar con estas dos citas porque recuerdan dos de las lecciones básicas del punk que, en ocasiones, me da la sensación de que se dejan de lado, incluso de un modo deliberado. Con el tiempo, el punk ha terminado por convertirse, al menos de cara al mainstream en otra rama más del rock, es decir, una música eminentemente masculina, hetero y para la que incluso hay que saber tocar bien la guitarra. Supongo que esto entra dentro del típico proceso de absorción y neutralización ideológica de una subcultura por parte de la hegemonía, y así se explica que mucha gente se sorprende hoy en día al descubrir que, entre la camada original del punk, había muchas más mujeres aparte de Nancy Vicious (bueno, de hecho es que la gran ideóloga del punk fue Vivianne Westwood junto a Malcolm McLaren). La reedición en cd del Cut de The Slits nos sirvió a muchos para corregir el punto de vista con el que vemos el punk. La realidad es que el punk no era ni hetero ni homo ni feminista, aunque entre sus originales había gente que hoy podríamos catalogar así. Tal y como yo lo veo, el punk fue volver a la casilla de salida, olvidarse del aburrimiento al que había llegado el rock con los progresivos y que cada uno intentase crear algo nuevo (lo del Rip it Up and Start Again y todo eso). Así se entiende mejor la enorme variedad de propuestas para remodelar la música popular de la época, desde la canónica de los Sex Pistols, usando los medios de comunicación a la más violenta y nihilista de los Throbbing Gristle.
Un poco más o menos lo mismo ocurre con el reggae, que es lo que en realidad escuchaban los punks del 77, gracias a, entre otros, las sesiones de Don Letts en el Roxy como calentamiento para los conciertos punk y, sobre todo, como alternativa a la música que sonaba en las FMs por aquel entonces. Dick Hebdige dedica la mitad de su libro sobre el punk (Subculture) a explicar el modo en que el reggae entró en contacto con el punk a lo largo de los años 70, y cómo esta alianza era de lo más natural teniendo en cuenta que ambos compartían un mismo interés, el de oponerse a la ideología y los medios de producción musical de esa década.
The Slits fueron las que quizás con mayor acierto consiguieron representar estos dos aspectos del punk al mismo tiempo, o al menos el grupo que presentó un concepto más definido. The Slits fueron la cantante Ari Up (14 años tenía cuando el grupo se formó en el 76), la guitarrista Viv Albertine que había estado en un grupo con Sid Vicious (Flowers of Romance), Tessa Pollitt tocando el bajo y, hasta poco antes de grabar este disco, la española Palmolive, que prefirió poner en marcha The Raincoats antes que firmar por una multinacional (Island) para la publicación de Cut. Estas chicas se tomaron muy en serio la máxima del fanzine Sniffing Glue y empezaron a tocar sin saber cómo hacerlo, e incluso llegaron a telonear a The Clash en marzo del 77 sin tener mucha idea de tocar. Sin embargo, no fue hasta dos años más tarde cuando grabaron un disco producido por Dennis Bovell, que consiguió sacar de los instrumentos de estas chicas una sonoridad dub y un sentido rítmico que rozaba lo arrítmico. Por eso, este disco se suele citar junto al Metal Box de PiL y el Y de The Pop Group como los ases de la deconstrucción rítmica tribal que se llevó a cabo en Inglaterra a finales de los setenta, en una postura que podía haberles hecho caer en una vanguardia sonora un tanto estéril de no ser porque, afortunadamente, todos conservaban el gusto por las melodías.
Prácticamente todas las canciones incluidas en Cut son una declaración de principios de la banda, desde la crítica a los estereotipos femeninos en ‘Typical Girls’, las relaciones de pareja convencionales en ‘Ping Pong Affair’ (‘Again another evening / Without falling in love / Don’t want to play those games / They’re just not interesting’), o el consumismo en las canciones, de reveladores títulos, ‘Spend, Spend, Spend’ y ‘Shoplifting’ (I have a tendency to get bored too quickly / Recently my dull life seems to have no meaning / I am stuck with someone we’re not communicating’). Pero no se me agobien, que tanto concepto viene con una presentación musical bien atractiva, mezcla de ritmos bailables, guitarras afiladas, líneas de bajo poderosas y muchas ganas de pasárselo bien: ‘Enjoy it / Destroy it’ (‘Instant Hit’).
Y claro, no puedo terminar esto sin mencionar la portada, las tres Slits que quedaban durante la grabación del disco desnudas y cubiertas de barro, en una portada que indignó a las feministas. Yo pienso que el aspecto tribal que tienen las tres, la ironía de los rosales al fondo y su actitud desafiante ofrecen una imagen que es precisamente una crítica a los modelos tradicionales de representación de la mujer en la música popular.
Aunque, miren, lo mejor de todo es escuchar el disco, llegar hasta la penúltima canción, que es la versión del ‘I Heard it Through the Grapevine’ de Marvin Gaye -igual de buena que el original, oigan-, y ponerse a bailar. Al igual que con la media docena larga de hits claros que tiene el disco.

5 COMENTARIOS:
No recordaba lo buena que era esa cita de "Sniffing glue". La verdad es que no sé si lo habrá ya (seguro que sí), pero se podría escribir un buen libro sobre la situación de las mujeres en el punk.
Por cierto, creo que el término "punk" es de los más devaluados de la historia. Han recibido la calificación de "punk" tantas cosas y tan diferentes, que ya no significa demasiado. Yo soy punk, tú eres punk, Shakespeare was a punk, I was a punk before you was a punk, Sheena is a punk rocker.
A mí de este disco me hace especial gracia "Shoplifting", que la cantan tan atropellada que parece que lo hagan mientras están mangando.
Define 'punk', como dice Pepo Garzón en el fotolog del grupo, jeje.
Pues sí que es chunga la devaluación del punk. Lo peor es que causa muchos malentendidos, que luego la gente va pensando que te gustan Green Day...
Libros de punk y feminismo los hay a carraos, al menos en el ámbito académico (estas feministas estadounidenses que no dejan tela sin cortar!). Pero sería muy interesante hacer un libro más al estilo del England's Dreaming.
Por cierto, ayer encargué una copia del Rip it Up and Start Again de Simon Reynolds. Con un índice así (http://www.simonreynolds.net/aboutthebook.php) ¡me da a mí que me lo voy a ventilar en 24 horas!
En el documental The filth an the fury se puede apreciar una mirada bastante íntima sobre el punk que da mucho que pensar.
Me da mucha curiosidad la versión de Martin Gaye ya que me encanta la Motown
Al respecto de los primeros párrafos, Shane McGowan cuenta en su autobiografía que una de las características de los punks originales era que no distinguían entre mujeres y hombres, que no existían prejuicios de género. Se refería más a las bases que a los grupos pero supongo que sólo habiendo estado allí se podría asegurar algo así.
El documental The Filth and the Fury lo he visto, y de hecho me ha dado una idea para una entrada sobre cómo los medios de comunicación manipularon la idea del punk (bueno, esto es obvio) y cómo esa manipulación ha sobrevivido en parte. +
La autobiografia de Shane McGowan no la he leído, pero pasa desde ya a mi lista de espera. Por lo que se puede ver en los documentales, el público en el punk era bastante mixto, que es una cosa de agradecer, Por otra parte, yo recuerdo de mi más tierna infancia en Gijón que había un montón de punks y había tanto tios como tias. Seguiré investigando
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